viernes, 20 de abril de 2018

EL RENACIMIENTO: Arte Renacentista


           

Arte Renacentista: En este clima cultural de renovación, que paradójicamente buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica, surgió a principios del siglo XV un renacimiento artístico en Italia, de empuje extraordinario, que se extendería de inmediato a otros países de Europa.
Leonardo da Vinci

El artista toma conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se ve atraído por el saber y comienza a estudiar los modelos de la antigüedad clásica a la vez que investigaba nuevas técnicas, por ejemplo el claroscuro en la Pintura. Se desarrollan enormemente las formas de representar la perspectiva y el mundo natural con fidelidad; se interesan especialmente en la anatomía humana y las técnicas de construcción arquitectónica. El paradigma de esta nueva actitud es Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber; del mismo modo, Miguel Ángel Buanorroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante fueron artistas conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técnicas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad humanística.

Miguel Ángel

Mientras surgía en Florencia el arte del Quattrocento o primer Renacimiento italiano, así llamado por desarrollarse durante los años de 1400, gracias a la búsqueda de los cánones de belleza de la antigüedad y de las bases científicas el arte, se produjo un fenómeno parecido y simultáneo en Flandes, especialmente en pintura, basado principalmente en la observación de la vida y la naturaleza. El Quattrocento es uno de los períodos más importantes del panorama artístico europeo. Aparece la figura del artista-creador en detrimento del anonimato. Surge el taller del maestro, que es quien recibe los encargos de los clientes. Este hecho podría considerarse como el nacimiento de la categoría de autor. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se pinta la figura humana independientemente de lo que represente.


Rafael Sanzio
En este arte evolucionan técnicas de pintura, se afianza el retrato como género autónomo. Se aprecia el interés por el desnudo, procedente del arte clásico, y se consigue la perspectiva; en escultura se vuelve a la imitación de la clásica griega y romana, y con respecto a la arquitectura hay un retorno a las líneas del arte griego y romano. En general este arte es de líneas más puras que su predecesor europeo, el gótico, siendo de menor tamaño y simplicidad. Son sus principales representantes Brunelleschi en arquitectura, Donatello y Ghiberti en escultura y Botticelli y Fra Angélico, Masaccio y Piero della Francesca en pintura.



Un factor que coadyuvó enormemente al éxito de las nuevas teorías artísticas fue el mecenazgo, tanto de ciudades como de personajes provenientes de la aristocracia, el clero, y la nueva burguesía. El patronazgo de la cultura era una señal de poder y estatus social, que otorgaba a quien lo ejercía prestigio y ostentación frente a sus semejantes. Algunos de los mecenas más distinguidos fueron: el florentino Lorenzo de Médicis, el Magnífico; Federico da Montefeltro, duque de Urbino; Ludovico Gonzaga, marqués de Mantua; Alfonso el Magnánimo, rey de Nápoles; Francesco y Ludovico Sforza, duques de Milán; además de los papas y cardenales de la Iglesia.
Sandro Botticcelli


La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística de Roma, cuyos papas Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III, algunos de ellos pertenecientes a la familia florentina de los Médici, apoyaron fervorosamente el desarrollo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica. Sin embargo, con las guerras de Italia muchos de estos artistas, o sus seguidores, emigraron y profundizaron la propagación de los principios renacentistas por toda Europa Occidental.


Se caracteriza intelectualmente por el paso del teocentrismo medieval al antropocentrismo humanista de la Edad Moderna; y estilísticamente por la búsqueda de las formas artísticas de la antigüedad clásica y la imitación (mímesis) de la naturaleza. Comprende dos fases: comienza con el denominado Alto Renacimiento (finales del siglo XV y primeras décadas del s. XVI), y termina con el denominado Bajo Renacimiento o Manierismo.

De entre los muchos artistas que trabajaron durante el Cinquecento, destacan los siguientes: en Italia, Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel en pintura (éste último también en escultura), Bramante en arquitectura; en Alemania. Los pintores Alberto Durero y Lucas Cranach; en España, Berruguete, Juan de Juanes y otros muchos, para culminar con El Greco.

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.


Literatura: La literatura renacentista se desarrolló en torno al humanismo, la teoría que destacaba el papel primordial del ser humano sobre cualquier otra consideración, especialmente la religiosa. El mundo de las letras recibió un gran impulso con la invención de la imprenta por Gutenberg, hecho que propició el acceso a la literatura por un público más mayoritario, surgieron los primeros sistemas de gramática en lenguas vernáculas, como la española de Elio Antonio de Nebrija, a la vez que aparecían las primeras academias de lenguas nacionales.
Fra Angélico

La nueva literatura se inspiró, como el arte, en la tradición grecolatina, aunque recibió una gran influencia de la filosofía neoplatónica. Refleja el nuevo ideal de hombre renacentista, que se ejemplifica en la figura del “cortesano” definida por Baldassare Castiglione: debía de dominar las armas y las letras por igual, y tener «buena gracia» o naturalidad sin artificio.

En Italia, perduraban aún los ecos de tres grandes autores medievales considerados precursores del nuevo movimiento: Dante, Petrarca y Boccaccio. Entre los literatos surgidos conviene destacar a: Ángelo Poliziano, Matteo Maria Boiardo, Ludovico Ariosto, Jacopo Sannazaro, Pietro Bembo, Baldassare Castiglione, Torquato Tasso, Nicolás Maquiavelo y Pietro Aretino. Su influencia llegó a Francia, donde destacaron François Rabelais, Pierre de Ronsard, Michel de Montaigne y Joachim du Bellay. Mientras en Alemania, la reforma protestante impuso una mayor austeridad y una temática religiosa, cultivada por Ulrich von Hutten, Sebastián Brant y Hans Sachs. En Inglaterra, cabe citar a Tomás Moro, Edmund Spenser, Michael Drayton, Henry Constable, George Chapman, Henry Howard y Thomas Wyatt. En Portugal se halla la figura predominante de Luís de Camões.
Tomás Moro
En España comenzó una edad dorada de las letras, que se prolongaría hasta el siglo xvii: la poesía, influida por el stil nuovo, contó con las figuras de Garcilaso de la Vega, fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús; en prosa surgieron los libros de caballería como Amadís de Gaula y se inició el género de la picaresca con el Lazarillo de Tormes, mientras que despuntó la obra de Miguel de Cervantes, el gran genio de las letras españolas, autor del inmortal Don Quijote.


San Juan de la Cruz
Teatro: El teatro renacentista acusó el paso del teocentrismo al antropocentrismo, con obras más naturalistas. Surgió la reglamentación basada en tres unidades: acción, espacio y tiempo, basándose en la Poética de Aristóteles, teoría introducida por Lodovico Castelvetro. Hacia 1520 surgió en el norte de Italia la Commedia dell'arte, con textos improvisados, predominando la mímica con personajes arquetípicos como Arlequín, Colombina, Pulcinella, Pierrot, Pantalone, Pagliaccio, etc. Como principales dramaturgos destacaron Niccolò Machiavelli, Pietro Aretino, Bartolomé Torres Naharro, Lope de Rueda y Fernando de Rojas, con su gran obra La Celestina. En Inglaterra descolló el teatro isabelino, con autores como Christopher Marlowe, Ben Jonson, Thomas Kyd y, especialmente, William Shakespeare. ​


Santa Teresa de Jesús
Música: La música renacentista supuso la consagración de la polifonía y el afianzamiento de la música instrumental, que iría evolucionando hacia la orquesta moderna. Apareció el madrigal género profano que sería la máxima expresión de la música renacentista. En 1498 Ottaviano Petrucci ideó el pentagrama, con lo que se empezó a editar música. En Flandes se desarrolló la polifonía “a la flamenca”, cultivada por Guillaume Dufay, Johannes Ockeghem y Josquin des Prés. También cultivaron el madrigal Orlandus Lassus, Luca Marenzio, Carlo Gesualdo, Claudio Monteverdi, Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria, mientras que en polifonía religiosa destacó Giovanni Pierluigi da Palestrina. En música instrumental descolló Giovanni Gabrieli. ​

El propio Lutero defendía la importancia de la música en la liturgia religiosa. Se cultivó especialmente el coral, un género musical a capella o con acompañamiento instrumental, generalmente a cuatro voces mixtas. Algunos de los compositores que lo cultivaron fueron Johann Walther y Valentin Bapst.

A finales del siglo xvi nació la ópera, iniciativa en la Camerata Fiorentina que, al descubrir que el teatro griego antiguo era cantado, musicalizaron textos dramáticos. La primera ópera fue Dafne, de Jacopo Peri, a la que siguió Euridice, del mismo autor; en 1602 Giulio Caccini escribió otra Euridice; y, en 1607, Claudio Monteverdi compuso La favola d'Orfeo, donde añadió una introducción musical que denominó sinfonía, y dividió las estructuras cantadas en arias.

Danza: La danza renacentista tuvo una gran revitalización, debida al papel preponderante del ser humano sobre la religión, muchos autores consideran esta época el nacimiento de la danza moderna. Se desarrolló sobre todo en Francia, ballet-comique, historias bailadas, sobre textos mitológicos clásicos, impulsado por la reina Catalina de Médicis. El primer ballet fue el Ballet comique de la Reine Louise, en 1581, de Balthazar de Beaujoyeulx. Las principales modalidades eran la gallarda, la pavana y el tourdion. Surgieron los primeros tratados sobre danza: Domenico da Piacenza escribió De arte saltandi et choreas ducendi, siendo considerado el primer coreógrafo de la historia; Thoinot Arbeau hizo una recopilación de danzas populares francesas: Orchesographie.​

Filosofía: La filosofía renacentista estuvo marcada por el declive de la teología, en un mundo abocado a la modernidad, que circunscribe la religión al ámbito espiritual y personal del individuo. La nueva forma de afrontar los problemas del ser humano será el racionalismo.​ Aun así, la religión siguió presente, aunque derivó de la teología escolástica hacia el misticismo, como se percibe en la obra de Jan van Ruysbroek, Dionisio Cartujano y Tomás de Kempis.

La nueva corriente será el humanismo, más interesado en el hombre y la naturaleza que en las cuestiones divinas y espirituales. El naturalismo impregna la ciencia natural, el derecho natural, la moral natural e, incluso, la religión natural, una religión que abandona todo lo sobrenatural para ser fiel reflejo de la posición del ser humano en el mundo. El humanismo se fundamenta, en la oposición a lo medieval y el retorno a la antigüedad clásica, buena parte de la filosofía renacentista evoluciona en una línea que llega hasta Descartes. Aun así, numerosos humanistas despreciaron el aristotelismo escolástico por ser excesivamente teologizado, y abordaron a Platón desde la obra de sus seguidores posteriores, el llamado neoplatonismo, especialmente desde el terreno de la filosofía estoica que, como la renacentista, incidía en el ser humano como medida de todas las cosas.​

El pensamiento humanístico nació en Italia, en torno a la Academia Platónica Florentina patrocinada por Cosme de Médici, con pensadores como Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirandola, Cristoforo Landino, Ángelo Poliziano o Benedetto Varchi. Otros se encaminaron más hacia la política, como Nicolás Maquiavelo, Leonardo Da Vinci y Bernardino Telesio.​ En Francia, el humanismo tuvo un componente más escéptico, representado por Michel de Montaigne o Pierre Charron, mientras que algunas figuras se adhirieron a la reforma protestante, como Pierre de la Ramée o Henri Estienne.​ En Inglaterra destacó la figura de Tomás Moro, canciller de Enrique VIII, quien lo decapitó por oponerse a la reforma anglicana; autor de Utopía, un esbozo de estado ideal de reminiscencias platónicas. Pero el más afamado humanista surgió en Holanda: Erasmo de Róterdam, autor del Elogio de la locura.​

En Alemania no recaló tanto el humanismo como en otros países europeos, y la filosofía se encaminó más a la mística especulativa, heredera del Maestro Eckhart; otras figuras mezclaron esta tendencia con las ciencias naturales o la alquimia y la astrología, como Agrippa von Nettesheim o Paracelso. Por otro lado, la Reforma protestante contó con figuras como Martín Lutero, Zwinglio, Philipp Melanchthon, Sebastian Franck y Jakob Böhme. ​

En España el pensamiento filosófico no rompió con el pasado medieval, mostrando un especial interés por la lingüística, tanto clásica como vernácula: Antonio de Nebrija, Benito Arias Montano. La corriente escéptica estuvo representada por Francisco Sánchez, mientras que el humanismo antiescolástico, contó con la figura de Juan Luis Vives, preocupado por la moral y la educación. Una reacción escolástica estuvo originada por la Contrarreforma tridentina que revivió el misticismo y contó con figuras como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.


Además del humanismo hay otras corrientes de pensamiento que convergerán en la filosofía cartesiana y en los fundamentos de la filosofía moderna: una es heredera pensamiento medieval, representado por Nicolás de Cusa o por la escolástica española; otra, más preocupada por la naturaleza, dará origen a la ciencia física moderna.​ Nicolás de Cusa, cardenal y obispo de Bresanona, intentó conciliar la doctrina católica con la teoría
Galileo Galilei
platónica, a través de una noción de Dios infinito y trascendente en el que se aglutinan la verdad y la realidad, De docta ignorantia.​ La escolástica española estuvo muy ligada a la Contrarreforma, y se asoció especialmente con los jesuitas, estuvo representada por Francisco de Vitoria, Alfonso Salmerón, Luis de Molina y, especialmente, Francisco Suárez.​ El estudio de la naturaleza dio en el terreno filosófico la relevante figura de Giordano Bruno, autor de una doctrina panteísta por la que fue quemado por hereje.​ También influyeron en la filosofía las nuevas teorías científicas de Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei.

Ciencia: Durante el Renacimiento la ciencia cobró un gran auge, favorecida por la invención de la imprenta y por los viajes y descubrimientos geográficos. Las ciencias naturales, fundamentadas en la metafísica nominalista, evolucionan por dos factores esenciales: la idea de la naturaleza y el método físico, que se fundamenta en el empirismo, basado en el “análisis de la naturaleza”. Uno de los principales teóricos de la nueva ciencia fue el filósofo inglés Francis Bacon, padre del empirismo filosófico y científico; su principal obra, Novum organum, presenta la ciencia como técnica, experimental e inductiva, capaz de dar al ser humano el dominio sobre la naturaleza.


Una de las disciplinas científicas que más se desarrolló en esta época fue la astronomía, gracias especialmente a la figura de Nicolás Copérnico: fue el difusor de la teoría heliocéntrica —los planetas giran alrededor del Sol— frente a la geocéntrica admitida en la Edad Media —la Tierra es el centro del universo—. Expuso esta teoría, basada en la de
Nicolás Copernico
Aristarco de Samos, en su obra De revolutionibus orbium coelestium. Este sistema fue posteriormente desarrollado por Johannes Kepler, quien describió el movimiento de los planetas conforme a órbitas elípticas. Por último, Galileo Galilei que formuló los principios modernos del conocimiento científico, por lo que fue procesado por la Inquisición y obligado a retractarse; sin embargo, está considerado por ello el fundador de la física moderna. Otro astrónomo destacado de este período fue Tycho Brahe, creador del observatorio de Uraniborg. También destacar que en 1582 el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano, que sustituyó al anterior calendario juliano. Las matemáticas también avanzaron notablemente en esta época: Christoph Rudolff desarrolló la utilización de las fracciones decimales; Regiomontano estudió la trigonometría esférica y rectilínea; los italianos Gerolamo Cardano y Lodovico Ferrari resolvieron las ecuaciones de tercer y cuarto grado, respectivamente; otro italiano, Tartaglia, utilizó el triángulo aritmético para calcular los coeficientes de un binomio; Rafael Bombelli estudió los números imaginarios; François Viète efectuó importantes avances en trigonometría, y creó el simbolismo algebraico; Simón Stevin estudió las primeras tablas de intereses, resolvió el problema de la composición de fuerzas y sistematizó las fracciones decimales.

En ciencias naturales y medicina también hubo importantes avances: Andrés Vesalio publicó un compendio de anatomía con ilustraciones, considerado uno de los más influyentes libros científicos de todos los tiempos; Bartolomeo Eustachio descubrió las cápsulas suprarrenales; Ambroise Paré inició la cirugía moderna; Conrad von Gesner inauguró la zoología moderna; Miguel Servet describió la circulación pulmonar, y William Harvey la de la sangre; Gabriele Falloppio estudió la estructura interna del oído; Ulisse Aldrovandi creó el primer jardín botánico en Bolonia; Bernard Palissy fundamentó la paleogeografía; Caspar Bauhin introdujo un primer método de clasificación de las plantas; y Zacharias Janssen inventó el microscopio en 1590.

También avanzó notablemente la geografía y la cartografía, gracias a los numerosos descubrimientos realizados. Destacaremos al flamenco Gerardus Mercator, autor del primer mapa del mundo en 1538 y descubridor de un método de posicionamiento sobre un mapa, del rumbo dado por una aguja imantada.

En el terreno de la química, hubo escasos avances: Georgius Agricola fundó la mineralogía moderna; Paracelso aplicó la alquimia a la medicina, estudiando las propiedades de los minerales como fármacos, durante sus investigaciones descubrió el cinc; Andreas Libavius escribió el primer tratado sobre química, Alchimia, en 1597, e introdujo diversos preparados químicos, como el ácido clorhídrico, el tetracloruro de estaño y el sulfato amónico, así como la preparación del agua regia.

Por último, conviene citar la figura polifacética de Leonardo da Vinci, ejemplo del hombre renacentista interesado en todas las materias tanto artísticas como científicas.


El Greco

Vida y costumbres: Con el Renacimiento y su cultura más humanista e individualista, así como el despegue económico, unido a los avances tecnológicos, se desarrollaron notablemente todos los aspectos relacionados con el aspecto individual y el cuidado personal, como la peluquería y la moda. La peluquería sufrió una profunda transformación. Se puso de moda la depilación de las cejas, así como de la frente. Aumentó el gusto por el teñido, siendo el rubio el color preferido. Por lo general, los peinados incluían un tocado, con cinco tipos principales: las tocas, las cofias o albanegas, los bonetes, los rollos y los sombreros. Desde el siglo xvi los peinados, especialmente los femeninos, fueron ganando en complejidad, con sofisticadas estructuras de rizos, encajes, cintas y muselinas. ​

En el Renacimiento surgió el concepto de moda tal como lo entendemos hoy: se introdujeron nuevos géneros y la costura adquirió un alto grado de profesionalización. En Italia aparecieron los trajes más ricos y espectaculares de la historia, de vivos colores y formas imaginativas y originales, con finos bordados y rica pasamanería. En el siglo xvi el calzón corto era a modo de bombacho, y continuó usándose el jubón medieval, junto a capas de diverso tipo y adornos como la gorguera. En el atuendo femenino apareció el corsé, sobre una falda en forma de campana llamada crinolina, hecha de tela y crin de caballo, y reforzada con aros metálicos.

También cobró una especial relevancia la gastronomía, que llegó a altas cotas de refinamiento y sofisticación. La cocina veneciana, gracias a su comercio con Oriente favoreció la importación de especias: pimienta, mostaza, azafrán, nuez moscada, clavo, canela, etc. Otro factor determinante fue el descubrimiento de América, de donde llegaron nuevos alimentos como el maíz, la patata, el tomate, el cacao, los frijoles, el cacahuete, el pimiento, la vainilla, la piña, el aguacate, el mango o el tabaco.















JOSÉ CASADO DE ALISAL


            Nacido en Villada, Palencia, el 24 de marzo de 1832, y fallecido en Madrid, el 2 de octubre de 1886. Estudió en la Escuela de Dibujo de Palencia y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En 1855 fue pensionado a Roma y posteriormente se trasladó a Francia, donde pintó El juramento de las Cortes de Cádiz, que decora el testero del hemiciclo del Congreso de los Diputados.


            Fue uno de los encargados de pintar la basílica de San Francisco el Grande y llegaría a ser director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. Concurrió habitualmente a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y obtuvo un premio extraordinario de primera clase en 1860 con el cuadro de influencia nazarena Últimos momentos de Fernando IV, el Emplazado, basado en la leyenda de los Carvajales y la extraña muerte de Fernando IV de Castilla.

            Fue un afamado pintor de historia, autor de algunos de los más célebres cuadros del género en España como La rendición de Bailén, que evoca la capitulación del ejército francés ante las tropas españolas el 19 de julio de 1808. Fue galardonado con primera medalla en la Exposición de 1864.

            También es célebre La leyenda del rey monje o La campana de Huesca, uno de los lienzos más truculentos y sobrecogedores de toda la pintura de historia española, basado en el sangriento episodio en que Ramiro II, rey de Aragón, consuma el escarmiento a los nobles aragoneses que se habían rebelado contra su autoridad degollando a los responsables y formando una gigantesca campana con sus cabezas. El cuadro no obtuvo la medalla de honor que el pintor esperaba en la Exposición Nacional de 1881, solo mención honorífica, lo que motivó la dimisión de su cargo en la Academia de Bellas Artes de Roma.

            Cultivó asimismo el cuadro de género y el retrato, destacando entre estos últimos Dama con abanicoMujer con mantilla blanca o Retrato de dama francesa, conservados en el Museo del Prado.

jueves, 19 de abril de 2018

MUJERES EN LA HISTORIA: Doña Jimena esposa de El Cid


Jimena Díaz o Doña Jimena, se cree que nació antes de 1046, falleciendo en 1115. Fue la esposa del Cid y señora de Valencia entre el 1093 y 1102. Jimena Díaz, fue hija del conde de Asturias, Diego Fernández, fallecido antes del 24 de julio de 1046, y de una dama de apellido Fernández, probablemente llamada Cristina. El conde Diego Fernández era hijo del conde Fernando Flaínez de la Casa de Cea y de Elvira Peláez. Casó dos veces; en primeras nupcias con Cristina Fernández y en segundas con Elvira Ovéquiz.

Doña Jimena fue nepta (sobrina) del emperador Alfonso VI de León, aunque por el lado paterno (los Flaínez), el rey Alfonso VI y doña Jimena, comparten como ancestros al conde Bermudo Núñez de Cea y su esposa Argilo. Partiendo de esta relación, doña Jimena sería prima tercera del emperador. Según Menéndez Pidal, la madre de Jimena Díaz, Cristina Fernández, sería hija del conde Fernando Gundemáriz y la infanta Jimena de León, hija del rey Alfonso V de León. En este caso, doña Jimena sería hija de una prima hermana del rey Alfonso, con lo que, siguiendo la costumbre mantenida hasta hoy en determinadas regiones españolas, recibiría el nombre de sobrina del monarca.

El conde Fernando Gundemáriz, casó con Sancha Ordoñez, hija del infante Ordoño Ramírez el Ciego, hijo de Ramiro III de León y de la infanta Cristina Bermúdez, hija de Bermudo II de León y la reina Velasquita de León. Según esta hipótesis, doña Jimena sería prima tercera de Alfonso VI de León, el mismo grado de parentesco que tendría por el lado paterno.




El padre de doña Jimena probablemente casó dos veces. Los hijos documentados del primer matrimonio con Cristina Fernández, aparte de doña Jimena, fueron:

- Rodrigo Díaz, conde en Asturias. Según el registro del Monasterio de Corias en Asturias, pudo haber casado con una Gontroda, padres de Sancha y de Mayor Rodríguez.

- Fernando Díaz, conde en Asturias al fallecimiento de su hermano. Casó en primeras nupcias con Godo González Salvadórez, hija de Gonzalo Salvadórez y Elvira Díaz, sin sucesión. Contrajo segundo matrimonio con Enderquina Muñoz, hija del conde Munio González y la condesa Mayor Muñoz, con dilatada sucesión.


Del segundo matrimonio con Elvira Ovéquiz, hija del conde Oveco Sánchez y la condesa Elo, nacieron dos hijas:

- Onneca "Mayor" Díaz quien casó con Gundemaro Iohannes (Ibáñez)

- Aurovita Díaz, casada con Munio Godestéiz.


Casó doña Jimena en julio de 1074 con El Cid en la iglesia de San Miguel de Palencia. No hay constancia escrita de que acompañase a su esposo en el primer destierro del guerrero. En el año 1089 Jimena y sus tres hijos son encerrados por orden del monarca Alfonso VI de Castilla. En 1094, cuando el Cid, ya ha conquistado la ciudad de Valencia, y vence en la Batalla de Cuarte, se reúne con sus esposa e hijos en Valencia. El matrimonio se realizó como política de acercamiento entre los nobles de Alfonso VI, teniendo la siguiente sucesión:

- Cristina Rodríguez, casó con Ramiro Sánchez, señor de Monzón, hijo del infante Sancho Garcés y de Constanza, y nieto del rey García Sánchez III de Pamplona, siendo padres de, entre otros, el rey García Ramírez el Restaurador.

- Diego Rodríguez, muerto en la batalla de Consuegra.

- María Rodríguez, contrajo matrimonio con Ramón Berenguer III, conde de Barcelona.


A la muerte del Cid en 1099 sostuvo el cerco de Valencia ante los ataques musulmanes, pero no pudo mantener la ciudad a salvo. En 1102 Valencia fue ocupada y Jimena y la población fueron escoltados por el ejército del Rey de León Alfonso VI, primo suyo. Se retiró al Monasterio de San Pedro de Cardeña, en el que murió hacia 1115. Fue enterrada junto a El Cid en dicho Monasterio. En 1921 se trasladaron sus restos a la Catedral de Burgos, donde permanecen.









EL RENACIMIENTO: Definición


  Se llama Renacimiento al período que se extiende en Europa durante los siglos XV y XVI. Aunque Italia, la ciudad de Florencia fue la cuna de este movimiento del arte renacentista, ve los inicios de esta nueva era un siglo antes: en el siglo XIV, mientras otros países aún estaban despertando a un cambio de mentalidad, en el período conocido como “Ars Nova”.

El término “Renacimiento” hace referencia al verbo “renacer”. Pero nos asalta la duda y surge la pregunta: ¿Qué es lo que renace? Después de casi diez siglos de mentalidad cerrada, centrada en refugiarse en Dios como “remedio” para los males de la época (enfermedades, hambre, muertes), la humanidad, cansada de vivir de esa manera, vuelve su mirada hacia los ideales de la cultura clásica, de Grecia y Roma, como modelos de perfección. Grecia, cuna de la democracia y de la filosofía, era el mejor maestro. La visión teocéntrica del mundo, característica de la Edad Media, se transformará en una visión antropocéntrica (la persona como medida de todas las cosas).



La cultura renacentista posee las siguientes características:

- Racionalismo: los renacentistas estaban convencidos de que gracias a la razón se puede llegar al conocimiento, ya que todo puede ser explicado a través de la razón y la ciencia.

- Experimentalismo: lo que quiere decir que para ellos, todo conocimiento debe de ser demostrado a través de la experiencia científica.

- Individualismo: el hombre busca conocerse a si mismo, su personalidad, talentos, ambiciones, tomando en cuenta que la opinión propia está por encima de la opinión colectiva.

- Antropocentrismo: colocan al hombre como la suprema creación de Dios y del universo.




Junto al Renacimiento se desarrolla un movimiento cultural llamado Humanismo, en el que se busca formar a la persona en el estudio de las letras, las ciencias y las artes. En este sentido, saber música era considerado un signo de buena educación, no olvidemos que en Grecia, la Música y la Educación Física eran las materias más importantes en la educación de los jóvenes.

El Renacimiento marca el inicio de la Edad Moderna, un período que se suele establecer entre el descubrimiento de América en 1492 y la Revolución francesa en 1789, y que, en el terreno cultural, se divide en el Renacimiento (siglos xv y xvi) y el Barroco (siglos xvii y xviii), con subdivisiones como el manierismo, el rococó y el neoclasicismo. Otros historiadores sitúan la fecha de inicio en 1453, caída de Constantinopla.



Tres hechos marcaron profundamente esta época:

- Los viajes: la idea de viajar supone un encuentro con el conocimiento. Históricamente, el Renacimiento es contemporáneo de la era de los Descubrimientos y las conquistas ultramarinas. Esta era marca el comienzo de la expansión de la cultura europea, con los viajes portugueses y el descubrimiento de América por parte de los españoles. Muchos compositores de la época viajaban a otros países, por lo que estaban en contacto con Europa.




- La invención de la imprenta por Johannes Gutemberg. Gracias a la imprenta, la difusión de la cultura a través de los libros permitió que aquélla llegase a un mayor número de personas. La introducción de la imprenta entre 1460 y 1480 y la consiguiente difusión de la cultura fue uno de los motores del cambio.

- El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma protestante supuso una crisis que dejó honda huella en el arte.

El Renacimiento será fruto de la difusión de las ideas del Humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo.
















JOSÉ MONGRELL Y TORRENT: Alfonso XIII con uniforme de húsar de Pavía


miércoles, 18 de abril de 2018

ORDENES MILITARES: Orden de Alcántara


A lo largo del siglo XI, aparecen en la Península diferentes tipos de hermandades. Desde fraternidades de legos reunidas en tomo a una catedral o iglesia, hasta Hermandades en poblaciones rurales cuyos miembros  se unían para prestar servicios comunes, como la construcción y mantenimiento de puentes y murallas. Las ciudades poseían sus propias milicias, que se ponían en pie de guerra cuando se gestaba alguna campaña, ya fuese musulmán o cristiano. En el siglo XII, este tipo de hermandades evolucionaron: las de carácter religioso-social, pasaron a ocuparse de la construcción de iglesias o murallas, y de la defensa de sus ciudades. Las milicias incorporaron un carácter religioso a sus lazos bélicos y unitarios originarios. Además, algunas las comunidades próximas a la frontera con los musulmanes fueron obteniendo un carácter castrense íntimamente unido al religioso, a fin de poder defenderse por ellos mismos, ya que muchas veces, las huestes laicas eran incapaces de hacerlo.


Las hermandades se extendieron por tierras leonesas y castellanas para proteger las fronteras de las aceifas musulmanas. En su origen eran diminutas comunidades o asociaciones poco definidas, carentes de organización y de grandes propiedades territoriales. Su progresiva evolución, junto con sus deberes religioso-castrenses, fue concretándose en la creación de las órdenes militares propiamente dichas. Órdenes militares inspiradas en las grandes órdenes militares internacionales.
Pero centrémonos en la Orden de Alcántara. Fue en el año 1156 cuando el caballero Suero Fernández, desde Salamanca, al frente de una mesnada, combatió arduamente en las fronteras meridionales del reino de León, allí dieron con Amando, un ermitaño que había acompañado al conde Enrique de Portugal a Tierra Santa, y que vivía en la iglesia del Pereiro, junto al río Côa. Suero trasladó al eremita su intención de erigir una fortaleza en la región para cobijar a los caballeros que deseasen batallar con los musulmanes. Amando indicó a los guerreros un lugar próximo a su ermita. Además, y les aconsejó que solicitaran una regla de vida al obispo de Salamanca Ordoño, a la sazón miembro de la Orden del Císter. Don Ordoño otorgó los estatutos cistercienses y nombró a Suero cabeza de la nueva cofradía religioso-militar, que en principio se denominó Orden de San Julián del Pereiro. Tras la muerte de Suero en combate contra los musulmanes, fue sustituido por su hermano Gómez Fernández.
Al no haber constancia de un documento real o de una bula papal concedida a la hermandad de San Julián antes de enero de 1176, podemos deducir que Suero Fernández fue una figura imaginaria cuya existencia el rey Fernando II de León desconoció. Por los documentos existentes podemos decir que el verdadero fundador de San Julián del Pereiro fue Gómez. Por tanto hay que retrasar la creación de la orden a la fecha en la que el Papa reconoció a la hermandad del Pereiro mediante bula papal.


Es muy probable que los freires de San Julián, cambiasen su condición original de comunidad religiosa, a militar durante el tiempo transcurrido entre las bulas de Alejandro III (1176) y Lucio III (1183), puesto que a Gómez se le nombra como prior en la bula de Alejandro III y en cambio, como maestre en la de Lucio III. Al transformarse en orden militar, profesó la regla benedictina y abandonó cualquier subordinación al obispo, pasando a depender directamente del Sumo Pontífice. El papa Alejandro III tomó bajo su protección la casa de San Julián del Pereiro y le concedió diversos privilegios. Los papas posteriores reconocieron y confirmaron los numerosos derechos de la orden de San Julián del Pereiro. Pero no sólo la autoridad religiosa amparó a la nueva institución, sino que también lo hicieron los poderes civiles, pues el rey leonés Fernando II protegió también la casa, pertenencias y a los propios hermanos del Pereiro.
El monasterio de San Julián se ubicaba en un lugar tranquilo y aislado, más acorde con el recogimiento religioso y el cultivo agrícola que con la guerra. Estaba cerca de la frontera con los musulmanes, por la cual se transformó en hermandad religioso-militar para combatirlos. El monasterio también incluyó un hospital, que recogía las donaciones de los habitantes de la región.


Con el paso del tiempo, los papas confirmaron los privilegios del Pereiro, con lo que el primitivo establecimiento incrementó el número de tierras y personas a su cargo, transformándose en una verdadera orden religioso-militar. A partir de entonces su finalidad principal fue colaborar con otros poderes locales en la lucha contra los mahometanos, y así expulsarlos definitivamente de la Península.
 Los documentos de la época atestiguan la existencia de la orden de Trujillo, cuyas referencias se entremezclan con las del Pereiro. Al hilo de este hecho se plantean varias dudas:
- ¿Fue la orden de Trujillo la rama castellana de la orden leonesa del Pereiro?
- ¿Alfonso VIII entregó a Gómez, maestre de San Julián del Pereiro, la fortaleza de Trujillo para establecerse dicha orden leonesa en el reino castellano?
- ¿La orden de Trujillo fue una cofradía militar independiente que posteriormente acordó algún tipo de vinculación con los sanjulianistas?
Muy probablemente Alfonso VIII invitó al maestre Gómez de San Julián a establecerse en Trujillo y adquirir la denominación de orden de Trujillo. Según esta hipótesis, el monarca castellano trató de trasladar la sede de la orden, desde el reino leonés al castellano, pasando a ser ambas la misma institución. La orden de Trujillo sería la rama castellana de San Julián del Pereiro. Otra hipótesis es que la orden de Trujillo nació como una de tantas cofradías o fraternidades militares, pero independiente del Pereiro. No se conoce cuándo, pero la cofradía trujillense se unió a la de los sanjulianistas del cercano reino de León. Pero hubo un contratiempo que retrasó el correcto funcionamiento de la nueva institución. El 1195 los cristianos fueron derrotados por completo en Alarcos, y el propio rey Alfonso VIII tuvo que salir huyendo del campo de batalla a uña de caballo. Como consecuencia del desastre, los almohades se hicieron con Trujillo, Santa Cruz y otras plazas. En 1196 Alfonso VIII, para compensar de alguna forma la pérdida de Trujillo por los sanjulianistas, les otorgó propiedades en Ronda, en las inmediaciones de Talavera, que habían pertenecido a la orden de Trujillo. Alfonso VIII se resarció con creces de la derrota de Alarcos en 1212, cuando la victoria cristiana sobre los almohades en las Navas de Tolosa abrió las puertas de Andalucía a los castellanos.


Trujillo fue recuperado en 1231 para las armas cristianas. En consecuencia, los freires del Pereiro-Alcántara reclamaron sus antiguos derechos sobre Trujillo. El rey Femando III les concedió la villa y el castillo de Magacela en compensación por cualquier derecho que tuvieran sobre Trujillo. Por estos años, la institución sanjulianistas ya era conocida también como orden de Alcántara
Algunos historiadores mantienen que la orden del Pereiro-Alcántara fue una orden filial de la orden de Calatrava, mientras otros en cambio, defienden la total independencia de Alcántara y Calatrava y niegan, cualquier relación de filiación, rechazando cualquier tipo de dependencia entre ambas órdenes militares durante la época medieval. Los alcantarinos lo niegan todo, mientras que los calatravos, en cambio, sostienen lo contrario. Puede que los calatravos tengan algo de razón, pues ya en 1187, cuando el papa Gregorio VIII confirmó las posesiones de la orden de Calatrava, incluyó entre ellas el Pereiro, situado entre Ciudad Rodrigo y Troncoso.
¿Cuándo aparece el nombre de Alcántara definitivamente asociado a la institución conocida como San Julián del Pereiro? En 1213 Alfonso IX de León recuperó definitivamente la plaza de Alcántara para la causa de la Cruz, y a partir de este momento, León trató de atraerse a la poderosa orden de Calatrava, cuyas posesiones estaban en tierras castellanas, para que en caso de conflicto dicha orden no combatiese a favor de los castellanos. No olvidemos que en la cruzada que culminó en la batalla de las Navas de Tolosa, ni León ni Portugal participaron, por desavenencias entre los Alfonsos, y de ambos con el rey de Portugal, también Alfonso. En mayo de 1217 Alfonso IX de León concedió la villa y fortaleza de Alcántara a los freires calatravos, para que sentasen allí sus reales y fundaran un convento para servir al rey leonés y combatir desde allí a los mahometanos.
Sin embargo, de forma sorprendente, los freires calatravos rubricaron en 1218 un acuerdo con la orden leonesa de San Julián del Pereiro, por el que cedían todas las posesiones calatravas en el reino de León a los sanjulianistas, para que instalaran en Alcántara su sede conventual central y asumieran los servicios que el rey leonés había encomendado a la orden de Calatrava. Aunque no conocemos muy bien las razones de esta decisión, fue quizás por falta de recursos para establecer un convento central en el reino de León, tan alejado de sus bases. No obstante, este acuerdo impulsó el desarrollo de la orden del Pereiro, aun a costa de cierta subordinación a la orden de Calatrava, pues los freires del Pereiro se comprometieron a recibir la visita y acatar la obediencia del maestre de Calatrava. La orden de Calatrava, a cambio de esta moderada supeditación, cedía a éstos Alcántara y todas sus posesiones, escrituras, privilegios y bienes muebles en el reino de León. Los cronistas alcantarinos han puesto toda la pasión del mundo en negar tal subordinación. Los cronistas calatravos, en buena lógica, opinan lo contrario: que la Orden de Alcántara estuvo supeditada a la de Calatrava.
 Sea como fuere, es en el año 1218, cuando la orden del Pereiro se traslada a Alcántara y pasa a denominarse Orden de Pereiro y Alcántara. Ambas instituciones, tenían en común, su filiación a la orden del Císter. La Orden de Alcántara adoptó como insignia el peral, símbolo del Pereiro y dos trabas a semejanza de las de Calatrava. La denominación definitiva de “Orden de Alcántara” se alcanzó en tiempos del Maestre D. Fernán Páez (1284-1292), cuando el convento de San Julián de Pereiro y el resto de las posesiones de la Orden en el reino de Portugal se convirtieron en una encomienda de la Orden, con su correspondiente comendador.


De facto, las órdenes militares de Alcántara y Calatrava, permanecieron como instituciones separadas, con sus respectivos maestres e independencia propia. Aunque existieron pleitos y desavenencias entre ellas. Uno de los mayores problemas fue el derecho de visita de los responsables calatravos a los alcantarinos, algo que a estos últimos no gustaba, pues desde su punto de vista, las visitas del Maestre de Calatrava, eran un signo del control de la orden de Calatrava sobre la de Alcántara. De hecho no hay noticia de ninguna visita del maestre de Calatrava al de Alcántara antes de 1318, ese derecho se fue debilitando paulatinamente en el tiempo. La visita de 1318 debió ser bastante sonada precisamente por la falta de costumbre.
La Orden de Alcántara fue filial del Císter a través de la abadía-madre de Morimond, pero no fue filial de Calatrava, la relación fue más bien fraternal, con una leve supeditación de Alcántara a Calatrava. Y eso a pesar de que la Orden de Calatrava trató de inclinar la balanza de esa subordinación a su favor.
Las relaciones entre la orden de Alcántara y los templarios fueron particularmente conflictivas hasta comienzos del siglo XIV, y en buena medida debido a problemas ganaderos. Las controversias alcanzaron su punto culminante en la lucha abierta de 1308 y sólo terminaran con la disolución definitiva de los templarios en el concilio de Vienne de 1311-1312, lo que permitió a la orden de Alcántara acrecentar sus posesiones a costa de los expropiados bienes templarios. Este hecho no hizo más que abrir nuevos conflictos con otras órdenes, principalmente con los hospitalarios, pues el papado había decidido incorporar los antiguos bienes templarios a la orden de San Juan del Hospital en la corona de Castilla.







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IGNACIO PINAZO CAMARLENCH: Ignacio hijo del artista


Pintado en 1885. Óleo sobre lienzo, de 47 X 40 cm.


La temática infantil aparece en la obra de Ignacio Pinazo desde fechas muy tempranas estando ligado estrechamente al ámbito familiar. Este retrato de su hijo Ignacio Pinazo Martínez (Godella, 1883- Valencia, 1970) participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912 en la que recibió la Medalla de Honor por el conjunto de obras expuestas.


martes, 17 de abril de 2018

ANÉCDOTAS DE MADRID: Restaurante Botín y Goya


            ¿Quién no ha oído hablar del restaurante Botín? Este restaurante es toda una institución en Madrid. Jean Botín, cocinero francés, abrió una hostería a principios del siglo XVII en la plaza de Herradores, permaneciendo allí hasta que un incendio en los años cuarenta del pasado siglo, destruyó el local. La consecuencia fue que el restaurante se trasladó a la calle de Cuchilleros, donde permanece en la actualidad, ofreciendo su especialidad: el cochinillo asado.




            A pesar de que al nuevo restaurante se le conoce por Botín, su verdadero nombre es Sobrinos de Botín. El restaurante está considerado como el más antiguo del mundo.



            El Guinness, en su edición de 1986, asegura que en el primer restaurante, que como recordareis, estaba en la plaza de Herradores, trabajó en 1765, como lavaplatos, el que con el tiempo sería una de las más grandes figuras de la pintura española, nada menos que el genial Francisco de Goya y Lucientes, que entonces contaba diecinueve años.










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IGNACIO PINAZO CAMARLENCH: Ignacio hijo del artista


Realizado en 1892. Óleo sobre lienzo, de 42 X 37 cm.


Pinazo, que captó la esencia de la niñez en numerosas ocasiones, se muestra en esta ocasión más ambicioso. A través de la inquisitiva y profunda mirada de su hijo, logra captar la inteligencia e inquietud de un niño casi adolescente pero que aún no ha abandonado la inocencia infantil.
Fue adquirido para el Museo de Arte Moderno en 1957 junto a otras obras del artista.


JOSÉ MONGRELL Y TORRENT: A los toros


Pintada en el periodo de 1903 a 1905, es un óleo sobre lienzo de 71 X 100 cm. En colección particular.

lunes, 16 de abril de 2018

DESASTRES NAVALES: Crucero Reina Regente


          El 10 de marzo de 1895, el crucero de la Armada Española "Reina Regente" con los 412 hombres de su dotación desaparecieron, sin dejar rastro, en un furioso temporal durante la corta travesía entre Tánger y Cádiz. 


          El crucero había sido entregado a la Armada en 1888. Era un crucero protegido de 4.740 toneladas de desplazamiento, 79,3 metros de eslora, 15,43 metros de manga, y 5,90 metros de calado medio a plena carga. Sus dos máquinas alternativas, alimentadas por cuatro calderas de vapor, le daban una potencia máxima de 12.000 CV y un andar de 20,5 nudos. Su artillería la componían 4 cañones de 240 mm y 6 de 120 mm González-Hontoria, y 6 de 57 mm Nordenfelt.

          El 10 de marzo de 1895 sobre las 10:30 horas, el "Regente" levaba de su fondeadero frente a Tánger, iniciando el regreso a Cádiz, de una comisión consistente en repatriar a Marruecos la embajada del Sultán, que venía de negociar con el Gobierno español asuntos relacionados con la tensa situación en el Norte de África. Tras dejar el fondeadero, arrumbó al NW,  aunque se detuvo a unas 3 millas de la costa. El motivo se debió solventar, porque enseguida el buque continuó su marcha.

          Durante las horas anteriores a la travesía, las crónicas mencionan un rápido descenso del barómetro, un viento entablado del SW y mar de fondo del Atlántico, ambos crecientes y anunciando temporal. Sobre las 12:30 horas el "Regente", se cruzó con los vapores "Mayfield" y "Matheus", que embocaban el Estrecho de Gibraltar por su entrada Oeste. Posteriormente, dos campesinos del poblado de Bolonia vieron desde la costa un vapor debatiéndose en el temporal frente a la costa gaditana hasta que, simplemente, desapareció.

          El "Regente" tenía un diseño propio de su tiempo, avanzado en unos aspectos y desafortunado en otros, pero no muy distinto de la mayoría de sus contemporáneos en la Royal Navy, que por entonces eran los más avanzados del mundo. La construcción no hacía presagiar un diseño defectuoso, más bien todo lo contrario. Fue construido en el astillero escocés James & John Thomson Co. of Clydebank, entonces uno de los principales astilleros británicos, y había sido proyectado por Sir John H. Biles, ingeniero de extraordinario prestigio, actuando como supervisor Sir Nathaniel Barnaby, que era entonces uno de los mejores expertos en estabilidad aplicada al diseño naval.



          El diseño del "Regente" era un difícil compromiso entre un casco de tonelaje reducido, poderoso armamento, potente maquinaria y excepcional autonomía, y el diseñador empeñó algunos de los conceptos más avanzados del momento, como la máquina de vapor de triple expansión, aunque también se adoptaron decisiones constructivas más desafortunadas. La decisión más perniciosa, fue la de reducir el francobordo en castillo y toldilla. Las fuentes citan a menudo como “medio-gemelos” del "Regente" los buques de la Royal Navy de la clase "Orlando",  que eran contemporáneos con una silueta parecida, pero cuyo francobordo rondaba los 4,5 metros contra los 3,5 metros en el "Regente". El resultado del bajo francobordo en el temporal del 10 de marzo sería el embarque de grandes masas de agua en el castillo, al navegar proa a la mar, y como consecuencia la inundación de los compartimentos de proa a través de manguerotes de ventilación, escotillas y portas no completamente estancas. Otra peculiaridad de los buques de finales del s. XIX eran sus altas batayolas o bordas, que capturaban gran cantidad de agua en cubierta con mal tiempo, originando una doble pérdida de estabilidad por el aumento nada despreciable de pesos altos sumado a un peligroso efecto de superficie libre por movimiento del agua de banda a banda.

          Al parecer todos los ex Comandantes del "Regente" se habían quejado de la poca estabilidad del crucero, achacando esta falta de estabilidad al aumento de calibre de la artillería principal.

          El día 9 de marzo por la mañana, con el "Regente" ya en ruta de Cádiz a Tánger, no había el menor atisbo de temporal. En el análisis de la situación meteorológica realizado por el Instituto Central Meteorológico de Madrid a media mañana del día 10, se menciona una borrasca muy importante al SW de Lisboa, que, sorprendentemente, no generó aviso de temporal alguno. En el Real Observatorio de San Fernando, a las 08:00 horas se registró un descenso del barómetro notable y un viento engañosamente flojo que, no hacían predecir en Cádiz la rapidísima invasión y gran intensidad del mal tiempo que se avecinaba. A las 15:00 horas, el barómetro descendió nada menos que 7 mm en 3 horas, y seguía bajando, y el viento fue arreciando hasta las 16:30, cuando se registró la máxima intensidad del día, en el momento de mayor velocidad de traslación (sobre las 15;00), la tormenta se movía a unos vertiginosos 58 nudos.

          El día 8, cuando el Comandante recibió la orden de salir en la mañana del 9, no existían indicios de temporal. Aun en el caso de que se hubiese generado un aviso en la mañana del día 9 (para el día 10), no habría llegado a Cádiz con tiempo para ser comunicado al crucero antes de su salida hacia Tánger, momento a partir del cual el buque no podía recibir mensajes de tierra, puesto que ningún buque de la Armada disponía aún de radiotelegrafía. El fatídico día 10, sólo la estación meteorológica de Lisboa llegó a ser consciente de la envergadura del temporal desde primera hora de la mañana, pero a media mañana, cuando se emitió la primera predicción en España, el "Regente" era ya un buque condenado.

          La costa al Sur de Cádiz está jalonada de peligros hasta los Bajos de Trafalgar, aunque el calado del "Regente" le permitiría transitar a través de los bajos. Al salir a mar abierta desde el fondeadero de Tánger, el "Regente" debió encontrar viento del SW y mar de fondo del NW, con olas de hasta unos 3,5 metros de altura. En esta situación, hacia las 12:30 el castillo del "Regente" debía experimentar movimientos verticales de cerca de 2 metros, esta altura igualaba el francobordo, dejando la batayola bajo las olas más altas y manteniendo el castillo casi permanentemente sumergido, siendo probable que el agua se abriese camino hacia los compartimentos bajo la cubierta del castillo.



          Al filo del mediodía el Comandante del "Regente", estaba a punto de tomar la decisión más difícil de su vida; si ponía proa o amura al temporal, reduciría el balance y mejoraría la estabilidad aumentando los brazos de adrizamiento, pero al precio de sumergir bajo el agua, el castillo, el puente de gobierno e incluso la cubierta alta, sufrir una inundación progresiva que amenazaba extenderse a todo el buque, dañar los elementos de cubierta, y perder la visibilidad al tener que recluirse en el puente de combate. Por otro lado, si presentaba la popa o aleta a la mar para buscar el refugio más cercano en Algeciras, la toldilla navegaría inundada, y aunque el barco navegaría más adrizado, experimentaría balances mayores, arriesgándose a pérdida de estabilidad transversal que podía hacerle zozobrar. La tercera opción era capear y abatir atravesado a la mar, lo que intuitivamente le parecería la peor elección al someter al buque a una importante escora permanente y a grandes balances por efecto de la mar y, le haría abatir con rapidez sobre costa y los Bajos de Trafalgar sin posibilidad de encontrar resguardo. Una elección difícil para un buque intacto, y probablemente irresoluble en las condiciones en que debía encontrarse el "Regente" a las pocas horas de navegación.

          Los datos sugieren que, algún tiempo después de las 12:30 ya fuera de la vista del "Mayfield", el Comandante, a la vista de la situación, juzgaría peligroso continuar la derrota prevista a Cádiz, en la que aún le restaba alguna hora proa a la mar y unas cuantas más atravesado a ella con multitud de peligros a sotavento, y tomaría la decisión de dar la popa a la mar para arribar a Algeciras, el refugio más cercano para mar y viento de Poniente. Con la batayola a ras de agua en babor, una inundación considerable en proa, centenares de toneladas de agua en las cubiertas, y una estabilidad transversal mermada, en el momento en que la cresta de una ola alcanzase la sección central, acabaría liquidando la estabilidad transversal, y el buque zozobraría. No se puede descartar que, el Comandante, en su desesperación por reducir la escora permanente del buque, cometiera el error de intentar corregirla contra-inundando, lo que resultaría mortal de necesidad cuando el balance pasara a la otra banda, momento en el que se produciría una escora mucho mayor.

          La leyenda negra sobre la presunta falta de estabilidad del "Regente" tiene escaso fundamento. Sus características de estabilidad cumplirían holgadamente con los actuales criterios de seguridad, y eran en todo caso similares o superiores a las de sus contemporáneos, a pesar de sus limitaciones. Es indudable que el "Regente" zozobró al perder su estabilidad transversal en el temporal. La hipótesis que parece más realista es la de que navegase algunas horas proa a la mar en su derrota a Cádiz, y sufriese una inundación progresiva en proa y en cubierta, que motivarían la decisión del Comandante de abandonar la derrota y arrumbar al refugio más cercano, Algeciras. Con la estabilidad transversal mermada por las inundaciones y el temporal en aumento, navegar popa a la mar haría que el buque zozobrase.







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